miércoles, 29 de julio de 2009

Eterno Retorno Muestra Escultorica por Alejandro Quijano

Alejandro Quijano: El eterno retorno

1.
El rostro humano, la imagen más elaborada, intervenida, publicada, divulgada y explotada hoy por hoy ¿funcionará todavía como detonador de la reflexión estética? Y yendo más allá del consumo excesivo de una idea: el romper con el realismo exacerbado al que nos tienen acostumbrados los círculos más comerciales del arte ¿servirá como estrategia para entrar en contacto con el espectador?

Tales preguntas parecen problematizar, en el contexto del arte contemporáneo de pos-vanguardia, la presentación de un conjunto de piezas trabajadas con el cincel y el mototul propios del escultor tradicional. Podríamos decir simplemente “Alejandro Quijano se dedica a explorar la figura humana en diversos materiales” como hacen muchos artistas, pero creo que es necesario presentar su obra precisamente a partir de la ingente labor que emprende cotidianamente quien decide desarticular una idea para renovarla completamente.

2.
A simple vista, las esculturas de pequeño y mediano formato de Alejandro Quijano aparecen ante nosotros como rotundas y suaves al tacto. De volúmenes contenidos y firme expresión, las mismas evocan una sensualidad inigualable (incluyendo las deliciosas partes “dejadas en bruto”), sólo que tal goce estético va dando paso a una inquietud constante porque, en el caso de los rostros, no se revela identidad alguna: no se siente que el autor esté tratando de representar o mimetizar lo de afuera, sino de presentar el propio mundo. Y es este juego de dicotomías (lo que conocemos y lo que no conocemos, lo trabajado y lo natural), lo que da valor indiscutible a sus bellísimos mármoles.

¿Se trata de un asunto temporal o de una problemática que le viene de atrás? La respuesta está en la diversidad de fórmulas que el artista encuentra para la máscara y en el eterno retorno de un tema tratado desde la antigüedad clásica, cosa que apunta, lo mismo hacia una problemática humana por resolver, que a una actitud “primitivista”. Recordemos que la noción de “lo primitivo” nos lleva a pensar en lo primigenio, lo primero, lo auténtico, y que el término y la actitud no se comprenden sin la noción de contraste: el contraste entre lo civilizado y lo primitivo.

La máscara (del árabe másjara, bufonada, antifaz), alude al mito, la simulación y la metamorfosis (uno de convierte en otro ser cuando la porta), pero sobre todo, adquiere en la obra de Quijano una connotación nueva: la de objeto artístico. Si se me permite el consejo, diré que en esta sala habrá que voltear a ver un conjunto de relaciones formales y figuras que siendo plásticas, recuerdan el rostro humano.[1] Y que las mismas están montadas en bellísimos geometrismos y figuras naturales.


3.
La presencia de la serpiente, por otro lado, obedece a un impulso primitivista y universalizador semejante: no se trata de la representación del mundo prehispánico y no hay resabios de alguna otra cultura, como podrían ser la egipcia o la china, por ejemplo. Es simplemente el rescate de una idea que vive en la memoria colectiva de un pueblo y que por la sensibilidad propia del artista culto resurge una y otra vez.

4.
Siendo un hombre de múltiples talentos --su vida creativa no lo mantiene sujeto al caballete o el cincel, sino que lo ha llevado a conjuntar obras de sabor múltiple para armar diversas exposiciones promovidas con el corazón entero--, celebro que Alejandro Quijano Pantoja, hombre universal de estos tiempos siga dándonos de qué hablar con tan buena escultura.


María Helena Noval
Historiadora y Crítica de Arte
[1] Roger Callois explica (Masques, 1965), como su importancia decrece en las sociedades contemporáneas por el declive de las prácticas mágicas y la idea de lo sagrado.

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